La historia de Santa Inés nos muestra hasta que punto tiene valor a los ojos de Dios el don de la Virginidad y la castidad, por encima de otros “ bienes” que el mundo ofrece. Tan trágica como heroica fue su lucha para mantener intacta su pureza lo que le valió la gloria de ser patrona de las vírgenes, las novias y de las jóvenes en edad de casarse.
En la Roma del Diocleciano reinaban no solamente la tiranía del Cezar que perseguía sin tregua a los católicos, sino también la sed inagotable de placeres carnales, a semejanza del mundo de hoy la civilización romana estaba en una decadencia tremenda, las tinieblas del paganismo y sus desvaríos morales no conocían limites. Sin embargo en medio a estas tinieblas comenzaba a brillar la luz del evangelio, incluso en las familias más aristocráticas de Roma.
Tal fue el caso de la joven Inés de doce años. Oriunda de una estirpe aristocrática, noble de sangre y de espíritu, dotada de una belleza impar, resplandecía como un lirio en medio del lodazal inmundo de su entorno social ¿Cuantas jóvenes no de dejan llevar por la impureza por miedo al “Qué dirán” en sus entornos sociales (o redes sociales diríamos hoy en dia..) no se dan cuanta que manteniéndose intactas relucen con más esplendor?
Sin embargo no creamos que tal belleza despertaba nobles sentimientos en la sociedad romana, es norma de la historia que la luz incomode a quienes viven en las tinieblas. Era necesario apagar ese lirio ardiente, para poder seguir la vida de pecado… La vida de Santa Inés nos enseña a ser cautos y circunspectos, cuando el mal parece dormir es por que trama en las tinieblas…
La joven Inés decide consagrarse enteramente a Dios siguiendo el camino de la virginidad, gran pérdida pensarían algunos espíritus segados por sus vicios. A los ojos de Dios y de la corte celeste: “ Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (Apocalipsis 14:4)

Cuenta la historia que el hijo del Prefecto se apasionó por la joven, sin embargo recibió una radical negativa de inmediato. El chico resentido como suelen ser los hombres débiles movidos por bajos instintos, fue a quejarse con su padre, el cual intentó con toda clase de promesas doblegar a la Virgen la cual se mantuvo firme. Viendo que no conseguía doblegar a la joven intentó forzarla a ser una Vestal (virgen consagrada a la diosa pagana Vesta).
El odio del perfecto se iba agudizando a medida que la joven brillaba mas por su radical virginidad, a tal punto de encerrarla en un prostíbulo. En este horrible lugar ningún hombre se atrevió a tocarla con excepción de uno que al intentar tocarla perdió la vista inmediatamente.
Imaginemos el horror al que la noble joven se veía sumergida, en un ambiente pésimo, luchando por su Virginidad, sin embargo su fe la hacía cada vez mas firme, pronto el deseo de perderla se transformó en un sádico odio, era necesario apagar aquella llama ardiente de pureza y virginidad.
El prefecto mandó que Inés fuese despojada de todas sus vestiduras a fin de exhibirla por las calles siendo arrastrada, inmediatamente sus cabellos crecieron milagrosamente cubriendo su inocente cuerpo. Mal podría imaginar Santa Inés las almas del siglo XXI que pasean por las calles exhibiendo sus cuerpos, perdiendo su alma y su pudor y haciendo lo mismo con los otros..
A seguir los verdugos quisieron acabar con aquel tabernáculo de ilibada virginidad. No se iludan aquellos que siguen con sinceridad las vías del bien, siempre los malos buscaran pervertirles, cuando no lo consiguen pasan a la extinción, ejemplos no nos faltan en las sagradas escrituras…
Finalmente, aquella alma tan amada por Dios, fue llamada por su Divino Esposo al trono de gloria. Murió “ como cordero [.. ] llevado al matadero” (Isaías 53,7) Fue degollada con una espada, por eso la vemos comúnmente representada con un cordero blanco en sus virginales manos, símbolo de su amor inviolable al Cordero sin mancha.
El martirio de Santa Inés nos enseña en primer lugar a ser radicales en relación al mal, en un mundo donde todo se relativiza, los conceptos de: bueno, malo, feo, bello, serio, superficial… son cada vez más subjetivos, el joven del nuestros días no consigue elegir el bien por dos motivos: perdida de la noción de la verdad y falta de voluntad.
A la perdida de la brújula de la verdad ocasionada por el exceso de información, se suma la incapacidad de elección, tenemos tanta información que es difícil encontrar el camino, sin embargo “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (Timoteo 2,4) si buscamos con sinceridad y pedimos a Dios de todo corazón, El nos mostrará el camino que lleva al cielo.




