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Bienvenido Santo Padre
La venida del Santo Padre ha sido una noticia que la conferencia episcopal ha definido como “Un anuncio que nos llena de alegría”. Su presidente, monseñor Luis Argüello ha anunciado que el objetivo de esta visita es confirmar a los hermanos en la fe. Ahora bien, qué significa esto.
El Sensus Fidelium
El pueblo de Dios tiene una apreciación, un instinto espiritual para percibir, comprender y adherirse a las verdades de la fe. Esto es lo que se denomina Sensus Fidelium. Es una especie de vida espiritual colectiva de la Iglesia. Una gracia que planea en el aire, como así decir, y a la cual millones corresponden, por donde quedaba un denominador común de todos ellos. Y de esta manera, las verdades de la fe son tomadas como la cosa más natural del mundo.
Siendo esto así, corresponde a los pastores de la Iglesia Católica dilatar más y más este Sensus Fidelium. La Iglesia siempre será docente, siempre dispuesta a enseñar y mostrar a sus fieles confiados el camino a seguir. Este camino no puede ser otro que el amor a los principios que la Iglesia siempre ha enseñado. Y la expansión de esta percepción, se encuentra en el enfrentamiento con los desafíos cotidianos que el buen cristiano de a pie traba todos los días: las innovaciones tecnológicas como la Inteligencia Artificial, los intentos del mundo secularizado por flexibilizar la moral y los principios humanos más básicos.
Respeto por la Doctrina
La falta de claridad permite que se cuelen pensamientos, teorías, doctrinas y estilos de vida contrarios a la enseñanza tradicional. Se ha dado rienda suelta al libre albedrío para dar cabida a la diversidad con la excusa de que nadie se aleje, nadie se pierda. Y así no se evite decir la verdad clara y concisa a aquellos que merecen que se les diga. Y si la negativa ha de preverse, la respuesta no debe ser una falsa compasión que deje en entredicho la unidad de la Iglesia, que siempre se ha basado en la verdad.
Armonizar las cuestiones sociales
Los temas sociales que se vienen acentuando son la inmigración, la conversación ecológica, el cambio climático y la pobreza, este último desde hace décadas. Ahora bien, queda pendiente relacionar todo ello con claridad con la misión esencial de la Iglesia, esta es, la salvación de las almas, la promoción de la vida sacramental y la profundización en la oración y en la vida espiritual.

Incentivar la Sanior Pars
Empero, no sería suficiente con evitar estos males. Como un ser humano tiene dos piernas, la lucha por hacer bien no sólo debe basarse en reprimir aquello que es malo, sino también en estimular aquello que es bueno. En todo movimiento social siempre hay una parte saludable, que podemos definir como Sanior Pars. No suele ser la mayoría de los hombres, sino solamente una parte, un sector que visibiliza las injusticias, une a todas las personas en torno a valores comunes, y los lanza, en este caso, a la virtud.
Por ello, es fundamental el estímulo de la jerarquía eclesiástica sobre aquellos que constituyen un polo con relación al cual, queriendo o no, la opinión de muchos se estructura. Y esa estructura, bien apoyada, conduce al éxito. Entonces, un programa de gobierno católico espiritual debe vivificar, coordinar y llevarla al auge.
Esperamos, pues, que el Santo Padre nos anime, y tonifique nuestras verdades de fe. Que el pueblo fiel, siempre dispuesto a recibir bienhechoras influencias, acoja nuevas luces, nuevos discernimientos, nuevos horizontes, que sean sanadores en un mundo enfermo.




