Su Nacimiento y Familia Noble
Santo Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino (Italia), en 1225, en el seno de una de las familias más nobles y poderosas de la época. Era hijo del conde Landulfo de Aquino y de Teodora, condesa de Teano, emparentada con la casa imperial de los Hohenstaufen y con las casas reales de Aragón, Castilla y Francia.
Desde su infancia, Santo Tomás mostró una inteligencia y una piedad fuera de serie. A los cinco años fue llevado a la abadía benedictina de Monte Cassino como oblato, donde recibió su primera formación espiritual e intelectual. Los monjes quedaron asombrados por la profundidad de sus preguntas, especialmente cuando preguntaba repetidamente: “¿Quid est Deus?” (¿Qué es Dios?), pregunta que marcaría toda su vida y obra.
ÍNDICE
La Vocación Dominicana
En 1239, a los catorce años, Santo Tomás ingresó en la Universidad de Nápoles, donde estudió artes liberales y entró en contacto con la Orden de Predicadores (Dominicos). A los diecinueve años, contra la voluntad de su familia que deseaba que fuera abad de Monte Cassino, tomó el hábito dominico.
La oposición familiar fue tan fuerte que sus hermanos, que eran soldados del emperador, lo secuestraron y lo encerraron en el castillo familiar durante más de un año, intentando hacerle renunciar a su vocación. Incluso enviaron a una mujer de mala vida para tentarlo, pero el santo la expulsó con un tizón encendido. Tras este episodio, tuvo una visión en la que ángeles le ciñeron con un cordón blanco como símbolo de su pureza perpetua.

“La castidad más hermosa es aquella que se conserva por amor a Dios, y no simplemente por temor al castigo.Estudios con San Alberto Magno
Liberado finalmente por su familia, Tomás viajó a París y luego a Colonia para estudiar bajo la dirección de San Alberto Magno, el más grande sabio de su tiempo. Debido a su corpulencia y su silencio contemplativo, sus compañeros lo llamaban “el buey mudo de Sicilia”. Sin embargo, Alberto Magno, reconociendo su genio, profetizó: “Vosotros lo llamáis el buey mudo, pero yo os digo que este buey dará tales mugidos con su doctrina que resonarán en el mundo entero.”
La profecía se cumplió plenamente. Tomás se convirtió en el más grande teólogo y filósofo de la cristiandad, armonizando magistralmente la fe cristiana con la filosofía aristotélica recién redescubierta en Occidente.
Su Obra Monumental
Santo Tomás fue uno de los escritores más prolíficos de la historia. A pesar de morir a los 49 años, produjo más de 60 obras que abarcan teología, filosofía, comentarios bíblicos, sermones y tratados. Entre sus obras maestras destacan:
- Summa Theologica – Su obra magna, una síntesis monumental de toda la teología cristiana que sigue siendo el fundamento de la enseñanza teológica católica hasta hoy.
- Summa contra Gentiles – Defensa racional de la fe cristiana dirigida a no creyentes.
- Comentarios a las Sagradas Escrituras – Especialmente a los Evangelios y las epístolas de San Pablo.
- Cuestiones Disputadas – Sobre la verdad, el poder de Dios, el alma, las virtudes y otros temas profundos.
- Comentarios a Aristóteles – Que permitieron la cristianización del pensamiento aristotélico.
- Himno “Pange Lingua” – Obra litúrgica de extraordinaria belleza para la adoración eucarística.
Su método escolástico, basado en la razón al servicio de la fe, revolucionó la teología y la filosofía. Demostró que la razón humana y la revelación divina no se contradicen, sino que se complementan perfectamente.
“Teme al hombre de un solo libro”

Milagros Durante Su Vida
Aunque Santo Tomás fue principalmente conocido por su genio intelectual, Dios también manifestó su santidad a través de numerosos prodigios y milagros:
El milagro más célebre ocurrió en Nápoles. Mientras oraba ante un crucifijo, después de haber escrito sobre la Pasión de Cristo, el Señor le habló desde la cruz diciendo: “Bene scripsisti de me, Thoma. Quam mercedem accipies?” (Has escrito bien de Mí, Tomás. ¿Qué recompensa deseas?). Tomás respondió: “Non aliam nisi te, Domine” (Ninguna otra sino a Ti, Señor).
Varios testigos presenciaron a Santo Tomás elevándose del suelo durante sus éxtasis de oración, especialmente cuando celebraba la Santa Misa o meditaba sobre los misterios divinos. En ocasiones quedaba tan absorto en la contemplación que permanecía inmóvil durante horas.
Mientras escribía su comentario sobre la Epístola a los Efesios, San Pedro y San Pablo se le aparecieron para iluminarle sobre pasajes difíciles. Desde entonces, su comprensión de las Escrituras se profundizó aún más.
En múltiples ocasiones demostró conocer eventos que ocurrían a distancia. Predijo la muerte de su hermana y tuvo revelaciones sobre el estado de almas en el purgatorio. También percibía el estado de gracia o pecado de quienes se acercaban a él.
Numerosas personas fueron curadas de enfermedades graves por su intercesión. En Orvieto, su bendición sanó a un niño desahuciado por los médicos. En París, devolvió la vista a un estudiante ciego.
Estando en el convento dominico durante la Cuaresma, donde la comunidad sufría escasez de alimentos, Tomás bendijo un pequeño pez que alcanzó milagrosamente para alimentar a todos los frailes presentes.
La Visión Mística de 1273
El 6 de diciembre de 1273, mientras celebraba la Santa Misa en Nápoles, Santo Tomás tuvo una experiencia mística tan profunda que lo transformó completamente. Después de esta visión, dejó de escribir, declarando a su secretario Reginaldo de Piperno:

Nunca completó la Summa Theologica. Los últimos meses de su vida los dedicó completamente a la contemplación y la oración, preparándose para el encuentro definitivo con Aquel que había sido el centro de toda su obra y su vida.
Muerte y Glorificación
En febrero de 1274, el Papa Gregorio X convocó al Concilio de Lyon y pidió a Santo Tomás que asistiera. Aunque se encontraba débil y enfermo, obedeció inmediatamente. En el camino, su salud empeoró gravemente. Llegó a la abadía cisterciense de Fossanova, donde los monjes lo acogieron con veneración.
Allí, el 7 de marzo de 1274, a los 49 años de edad, Santo Tomás entregó su alma a Dios. Sus últimas palabras fueron un comentario al Cantar de los Cantares. Pidió y recibió los últimos sacramentos con profunda devoción. Murió diciendo: “Te recibo, precio de la redención de mi alma.”
Los milagros continuaron inmediatamente después de su muerte. Su cuerpo permaneció incorrupto durante largo tiempo, exhalando una fragancia celestial. Numerosas curaciones milagrosas ocurrieron junto a su sepulcro.
Milagros Póstumos y Canonización
Del sepulcro de Santo Tomás emanaba un aceite fragante que sanaba a los enfermos. Este fenómeno continuó durante años y fue documentado por numerosos testigos.
Varios prisioneros que invocaron a Santo Tomás fueron liberados milagrosamente de sus cadenas, que se rompieron sobrenaturalmente.
Se documentaron al menos seis casos de personas muertas que volvieron a la vida por intercesión de Santo Tomás, incluyendo niños ahogados y personas que habían muerto súbitamente.
El Papa Juan XXII lo canonizó el 18 de julio de 1323 en Aviñón, declarando: “Tantos milagros hizo cuantos artículos escribió.” En 1567, el Papa San Pío V lo proclamó Doctor de la Iglesia. El Papa León XIII lo declaró Patrono de todas las Universidades y Centros de Estudios Católicos en 1880.

Su Legado atraviesa los Siglos
Santo Tomás de Aquino es llamado “Doctor Angélico” por la claridad celestial de su pensamiento y “Doctor Común” porque su doctrina ha sido adoptada por la Iglesia universal. Su obra ha influido profundamente en el pensamiento occidental durante más de siete siglos.
El Concilio Vaticano II recomendó expresamente el estudio de Santo Tomás para la formación de los seminaristas. Numerosos Papas, desde León XIII hasta Benedicto XVI y Francisco, han alabado su genio y promovido su estudio.
Su fiesta se celebra el 28 de enero. Es patrono de los estudiantes, teólogos, filósofos, universidades católicas, libreros y pencilmakers. Miles de parroquias, escuelas y universidades en todo el mundo llevan su nombre.





